CAPITULO TREINTA: BIEN VENIDO A LA FAMILIA.
A la mañana siguiente todos estaban desayunando y a la espera de que Luis Mario llegara a casa.
Todos estaban algo inquietos por la aventura de anoche. Luis Mario entro en casa. Su cara reflejaba cansancio y al andar arrastraba los pies.
-¿Y bien? -Preguntó Daniel Guzmán.
-Espera hijo mio que descanse un poco.
Y al decir esto se tumbó en el sofá, con gran esfuerzo se quito los zapatos. Los ojitos se le cerraban pero su mujer se lo impedio.
-Cuéntanos lo que ha pasado y luego te duermes tranquilamente.
Luis Mario suspiro e intentó incorporarse pero no pudo y tumbado en el sofá comenzó a hablar.
-Ese ser tiene un largo historial delictivo y ademas se había escapado del psiquiátrico. Anda Rosana Margarita que ojo tienes para echarte amigos.
Rosana margarita no dijo nada.
-Sergio Pedro cuando me despierte tu y yo hablaremos.-Y al decir esto sus ojos no pudieron estar mas tiempo abiertos y se cerraron y en un profundo sueño Luis Mario se sumergió.
Al cabo de cinco horas se despertó y nada mas despertarse dijo:
-¿Donde está Sergio Pedro?
Mona que estaba cerca de él por casualidad respondió:
-Ahora mismo lo voy a buscar.
Y fue en dirección a la casa de invitados donde estaba Sergio Pedro tumbado boca arriba en la cama.
-El señor Luis Mario le llama.
Sin decir nada se levantó, besó a Mona en los labios y se marchó.
-Siéntate a mi lado. -Ordenó Luis Mario. -Te quiero dar las gracias por defender tan ferozmente a mi hija. Me siento profundamente agradecido y por ello me siento orgulloso al decirte. Bien venido a la familia. -Y al terminar esa frase le dio un gran abrazo.
CAPITULO TREINTA Y UNO: LA CITA DE BARBARA LORENA.
Cuando Martín se enteró de la noticia fue a ver directamente a su amigo. Primero llamó a su casa para saber donde se encontraba exactamente y la voz de una de las criadas que el no supo identificar le dijo que estaba en su oficina.
Colgó el teléfono. Cojió su abrigo, las llaves, la cartera y por supuesto su teléfono mobil y se dirigió a la oficina de su amigo.
Encontró aparcamiento a la primera y en un plus, plas estaba llamando a su despacho.
La puerta la abrió Barbara Lorena vestida con una camisa blanca y se rayas finas de color azul oscuros, y una falda de color negra y no usaba medias.
-Ahora mismo le diré al señor Luis Mario que está usted aquí.
Y antes de que Barbara Lorena fuera al despacho de su jefe Martin la agarró no muy fuerte del brazo y le preguntó:
-¿Hoy tienes la tarde libre?
Barbara Lorena le sonrió y respondió siempre tengo la tarde libre.
-¿A que hora sales?
-Dentro de dos horas.
-Te estaré esperando en la puerta. Tu y yo tenemos que hablar.
Un movimiento afirmativo de la cabezita de Barbara Lorena hizo que Martín la soltara y le dedicara una sonrisita.
-Luis Mario, está aquí el señor Martín.
-Haz que pase, por favor.
-¿Como estas, viejo amigo? Me entere de la odisea del otro día ¿Por que no me llamaste? Te hubiera acompañado a comisaria.
-No me hables mas de ese tema que me pongo malo, malisimo. Menos mal que estaba Sergio Pedro. No veas como zurra ese tipo. Daba miedo verlo.
Ambos rieron.
-Entonces ¿Todos estáis bien?
-Si, solo nos queda el susto pero lo peor ya pasó. Y cambiando un poco de tema ¿Como va nuestro asunto?
Martín se sintió perdido varios segundos. No se esperaba esa pregunta y lo dejo un poco fuera de juego.
-Va bien. -Respondió dubitativo.
-¿De verdad va bien? -Preguntó Luis Mario poniendo cara de jugador de poker.
-Bueno, tu sabes …..
-Yo no se nada. -Interrumpió Luis Mario. -Explicámelo.
-No he conseguido que tu mujer firmara estos contratos.
Luis Mario cruzó las manos. Respiró profundamente y habló con contundencia.
-Dame esos contratos. Hablaré yo con ella.
Martín se quedó de piedra. Como Luis Mario le diera por leer esos contratos llamaría a un sicario para que lo matara. El tenia dinero ¿Para que se va a manchar las manos de sangre?
-No te preocupes hombre, para algo me pagas ¿no?
Luis mario empezó a reír y respondió.
-En eso tienes razón pero creo que en este asunto es mejor que lo lleve yo ahora en adelante.
Martín un ateo desde que nació gracias a Dios se puso a rezar mentalmente mientras que buscaba sus papeles en el maletín.
-¿Los encuentras? -Preguntó su amigo algo impaciente.
-Si, si lo tengo aquí. -Sabia que no le valía la pena mentir porque conociendo a su amigo seguro que le pediría el maletín para buscarlo el mismo y la mala suerte de que el siempre llevaba todos los documentos importantes en ese maletín y eso también lo sabia Luis Mario.
-Aquí están.
-Bien, pues dámelo y ya tienes una cosa menos de que preocuparte.
-Si, ya -Dijo en voz baja.
Cerró el maletín, se puso en pie y dijo:
-Bueno viendo que todo está bien me marcho que todavía tengo que ver algunos clientes.
-Claro y gracias por tu interés.
-Eres mi amigo y para eso están los amigos.
Se dieron la mano y martín desapareció de su despacho.
Sentada en su mesa estaba la secretaria que en ese momento colgaba el teléfono.
-No te olvides de nuestra cita pequeña. Es algo que nos conviene a los dos.
La secretaria dijo que no moviendo negativamente la cabeza.
CAPITULO TREINTA Y DOS: QUESO Y UVAS.
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