CAPITULO DIECISEIS: LOS DESEOS DE LA MUJER DE MARTIN.
-Mi amor ¿Te pasa algo? Desde que llegaste a casa no has dicho ni una palabra.
-No mi amor no te preocupes estoy bien tan solo estoy madurando unas ideas que me rondan por la cabeza.
-¿Tiene que ver con la fiesta de la casa de Luis Mario y de María Luisa?
-Sabes, es una tontería perdona por a ver estado un poco ausente ¿Que me estabas contando?
-Quiero hacer una fiesta. Pero una fiesta tranquila nada de fuegos artificiales que eso queda bastante vulgar. Quiero una fiesta africana, con una bailarina exótica y que de comer solo haya fruta. ¿Que te parece?
-¿Que solo haya fruta para comer? No se mi vida. Pero si a ti te apetece haremos esa fiesta.
-Cariño eres el marido que toda mujer desearía tener y yo tengo la suerte de tener ¿Me puedes hacer un favor?
-Claro, si esta en mi mano lo que tu quieras.
-Tocame un poco el piano que sabes que me gusta escucharlo cuando tu lo tocas.
Martín besó la frente de su esposa, se dirigió al piano y poniendo una sonrisa de medio lado dijo crujiéndose los dedos:
-¿Alguna petición?
-Guantalamera.
Antes de que se pusiera a cumplir el deseo de su esposa preguntó
-¿Y para cuando quieres hacer esa fiesta africana?
-Para el viernes. -Dijo mientras se ponía cómoda para escuchar mejor a su querido marido.
CAPITULO DIECIOCHO: EL PADRE DE SERIGIO PEDRO.
Sergio Pedro salio de casa sin hacer ruido y sin decirle a nadie donde iba.
Tubo que tener cuidado con las tres amas de llaves y tuvo que agudizar muchísimo los oídos. Parecía Tom Cruise en la película Misión imposible.
Por fin salio de casa sin ser visto ni ser escuchado. Se subió en su moto vespa. Eran las 6 de la mañana, los pajaritos cantaban, las nubes se levantaban y aunque hacia algo de fresco él no tenia nada de frío. Sentado en su moto vespa se sentía libre y rebelde.
Antes sus ojos hay estaba. La puerta de la cárcel. Viendo como pasa el tiempo, la puerta de la cárcel.
Las puertas de ese centro se abría y se cerraba cada vez que el pasaba por una. Y por fin hayo al hombre que buscaba.
Un hombre canoso, de pelo corto y peinado con un gran tupe. Se encontraba sentado en una silla metálica detrás de una cristalera a pruebas de golpes y de balas.
Sergio Pedro retiró la silla que se encontraba en frente de el. La silla chirrió y Sergio Pedro se sentó:
-¿Como estas padre?
-Bien hijo mio. Ya sabes, aquí todos los días son iguales. Que si barrer el suelo, que si fregarlo, que si ir al patio, que si hacer deporte y que si luces fuera ¿Como está tu madre?
-Bueno ha cambiado según las historias que me has contado. Aunque su nuevo marido ya sabe algo de la historia.
-¿Solo algo? -En ningún momento el padre levantó la vista del suelo.
-Ya sabes.
-¿Me estas dando a entender que el no sabe que ella sigue casada conmigo?
CAPITULO DIECINUEVE: VIERNES
-Cariño, cariño. Estoy muy nerviosa. Tocame un poco el piano para que me pueda tranquilizar.
-Pero vida mía si todavía quedan 9 horas para la fiesta.
-Lo se, lo se pero todavía no han venido los de la fruta y la bailarina exótica ni siquiera ha llamado.
-No te preocupes seguro que sera una fiesta maravillosa.
-Por favor martín, por favor. Por lo que tu mas quieras, por los clavos de cristo toca ese maldito trasto que yo me pueda tranquilizar.
Esas plegarias a Martín le hizo mucha gracia. Se sentó en el piano, se crujió los dedos y preguntó:
-¿Alguna petición?
-No te hagas el gracioso conmigo, toca la que tu quieras pero TOCA YAAAAA.
Martín pensó unos segundos la canción que iba a tocar. Y rápido y veloz la inspiración le llegó:
El piano empezó a sonar y Martín comenzó a cantar.
-Yo no quiero domingos por la tarde, lo que yo quiero corazón cobarde es que mueras por mi.y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres. Por que el amor cuando no muere mata. Porque amores que matan nunca mueren.
-Ese es mi marido querido.- Dijo su esposa poniendo la mano en su pecho y notando como su corazón latía tranquilo.
Las frutas llegaron a tiempo, la bailarina vino y los invitados fueron llegando.
-Que original una fiesta africana y con frutas. -Dijo María Luisa besando a ambos en la cara.
-La idea es entera de ella.-Dijo Martín señalando disimuladamente a su esposa.
Todos comían Papayas, Peras de agua, Manzanas verdes, Kiwis, Cerezas, Picotas, Granadas, Mangos, Plátanos de las islas de Canarias, Melón, Sandias, Naranjas y Moras.
Todas cortadas y decoradas muy finamente.
-Con tu permiso me llevo a tu marido que quiero que baile conmigo.
-Buena suerte y cuidado con los pies, es algo patoso para el baile. -Dijo María Luisa a la mujer de Martín que con una sonrisa y agarrada del brazo de Luis Mario le respondió:
-No te preocupes querida tendré cuidado con mis delicados y ágiles pies.
CAPITULO VEINTE: EN LA BOCA DEL LOBO.



Por cierto, ahor he empezado este, gracias al préstamo desinteresado de La Yerba.