CAPITULO SIETE: LA REVELACIÓN.
Bueno es la hora. -Dijo María Luisa mientras se volvía a sentar en el gran sillón de cuero negro. Cruzó las piernas. Soltó un leve suspiro y dijo:
-Todo empezó en 1980 la era del pop, las risas y las drogas duras. Mi cantante favorito era Miguel Bose. Siempre salia con mis amigos a echar unas risas mientras esnifábamos heroína. Una noche algo loca me encontré sola en un bar. Y un hombre alto, de pelo corto peinado con un gran tupe se me acercó ami y me preguntó: ¿Que hace una chica como tu en un sitio como este? Y respondí: Soy una chica mala. Ese hombre se sentó al lado mía me puso su mano en mi cintura me apartó el pelo con suavidad y me dijo: me gusta eso.
Y en hostal más barato y más ruinoso allí me hizo suya y a causa de esa aventura nació Sergio Pedro. Yo estaba muy enamorada de el. El sexo era fantástico y a causa de tanto sexo sin control nació Sara Laura. Un buen día vino la policía y detuvo a mi Don Juan intenté criar a mis dos hijos pero una mujer sola y un poco adicta a la heroína no puede cuidar niños así que fui a casa de mi madre llamé a la puerta y salí corriendo. A partir de ahí retomé mi vida. Conocí a vuestro padre, nos casamos y juntos os tuvimos y hasta ahora todo ha sido perfecto.
CAPITULO OCHO: A LO HECHO PECHO.
-Sí en eso tienes razón, nuestro matrimonio funciona muy bien. Está bien.
¿Cuales son tus planes Sergio Pedro? -Preguntó Luis Mario poniéndose de pie para echarse una copa de Coñac en una gran copa de cristal fino de Bohemia.
-Había pensado en quedarme una temporadita aquí.
Antes de que Luis Mario se llevara la copa a la boca volvió muy despacio la cabeza hacia ese hombre con más cara que espalda.
-¿Una temporadita? -Preguntó Luis Mario. -¿Cuanto tiempo es una temporadita? -Y al decir esto bebió un sorbito de su copa.
-Un par de mese, lo justo para poder encontrar una vivienda digna.
-Dudo que tu puedas encontrar una vivienda digna. -Dijo María Luisa entre dientes.
-¿Y donde se va ha quedar? -Preguntóó Daniel Guzman -Porque somos bastantes mayores para tener que compartir habitación.
-Ami no me importaría que durmiera en mi habitación. -Intervino Sandra Isabel.
-Nada de eso. -Saltaron a la vez marido y mujer. -Dormirá en la casa de los invitados. -Eso también lo dijeron a la vez y al escucharse ambos rieron y se echaron una mirada mutua de cómplices. Y esa noche hicieron el amor salvajemente.
CAPITULO NUEVE: LA INDOMABLE SANDRA ISABEL.
-Por favor, el que sea que muestre a Sergio Pedro donde está la casa de los invitados. Nosotros nos vamos a la cama tanta excitación nos ha cansado mucho.
-Sí, sí. Cansados. Por favor cerrad la puerta cuando entréis en vuestro cuarto no tengo ganas de escuchar como mis padres chingan. -Dijo Daniel Guzmán levantándose para dirigirse a su dormitorio.
Todos se fueron marchando a sus respectivos dormitorios. Todos menos Sergio Pedro y Sandra Isabel.
-Vaya numerito has montado. Ven anda te enseñare donde vas a dormir.
La casa de los invitados era una especie de apartamento, un salón no muy grande con una lampara ventilador colgada en el techo. Un cuarto de baño y un cuarto con una cama de matrimonio. No había televisión ni radio.
Sandra Isabel se sentó en la cama, cruzó las piernas y jugando con su pelo preguntó:
-¿Tienes novia?
Sergio Pedro comenzó a reírse.
-No, no tengo.
-Eso está bien para lo que tengo pensado.
-Ummm, perdón por mi curiosidad. Pero que es exactamente lo que estas pensando.
-Vamos Sergio Pedro, no trates de disimular ambos sabemos lo que va a pasar dentro de breves momentos.
-¿En serio va a pasar eso?
La cara de Sandra Isabel se iluminó como el sol.
-¿Como te gusta?
-Tu encima -Contestó Sergio Pedro y al decir eso ambos se empezaron a quitarse la ropa. Sandra Isabel era insaciable y estuvieron toda la noche y parte de la mañana dándole que te pego hasta caer agotados en un profundo sueño.
A la mañana siguiente Mona fue a la casa de invitados para llevar el desayuno a Sergio Pedro y cual fue su sorpresaaa cuando vio a la señorita Sandra Isabel abrazada a Sergio Pedro ambos como Dios los trajo al mundo. Iba a salir corriendo pero no pudo Sergio Pedro había abierto los ojos y con su mano le indico que se quedara, se levantó de la cama con mucho cuidado para no despertar a Sandra Isabel y sin ponerse nada en lo alto agarró la bandeja que Mona llevaba en la mano. La dejó suavemente encima de una silla de madera. Y sin decir nada la beso en los labios y seguidamente se volvió a meter en la cama.
Mona estaba descolocada y por el momento se sintió perdida. Hasta que por fin optó por marcharse.
La puerta se cerró sin hacer ruido.
CAPITULO DIEZ: UN DIA TRANQUILO EN RESIDENCIAL PARADISE.
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